La metamorfosis: el poder de las multitudes

Espelt, R., (2013). La metamorfosis: el poder de las multitudes. Campaigns & Elections. Novembre-Desembre, 2012. Mèxic: Campaigns & Elections.

Las personas hemos descubierto el enorme potencial que tenemos si somos capaces de organizarnos en torno a un objetivo en común. El campo de la política y del activismo no es una excepción y ha generado suficientes argumentos como para realizar un análisis de enfoques y contextos. De hecho, la participación ciudadana es cada vez más relevante. Las acciones que arrancan a partir de ciudadanos organizados no siempre convergen con la agenda política pero a menudo modifican el devenir de temas y calendarios preestablecidos.

En gran parte, las multitudes inteligentes han mostrado que tienen un gran poder si saben cómo y en torno a qué agruparse. Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) han actuado como un facilitador extraordinario para conectar estas multitudes para la acción política y los motivos para hacerlo sobran. La fuerza de la Sociedad Red se contrapone a los modelos organizativos verticales que aún sobreviven en el arranque del siglo XXI.

Conexiones distribuidas en red versus organizaciones verticales

El punto de partida ya no se cuestiona y esto es un gran avance. Por un lado, coincidimos en que hay un problema alrededor de los estamentos que rigen la política actual y que debemos encontrar fórmulas para solucionarlo. Una gran parte de la ciudadanía no tiene confianza en que los modelos que articulan el funcionamiento de la política en la actualidad tengan la capacidad para dar respuesta a los problemas que les son comunes y les acercan. Los datos (principales preocupaciones de la ciudadanía, porcentaje de desconfianza en la clase política, etc.) constatan que esta tendencia es creciente. Por otro lado, hemos constatado cómo la organización de personas en torno a causas comunes puede aportar soluciones más allá de las que proporcionan la clase política y las organizaciones políticas ‘oficiales’. El patrón actual de intermediación de la democracia representativa está en crisis. Se habla incluso de secuestro, porque la política no actúa en beneficio de la mayoría. Pero lo más interesante es que se empiezan a construir alternativas desde la propia autoorganización social en red.

Promoviendo prototipos para el bien común

No podemos hacer un análisis de las posibilidades de las multitudes en torno a la política o, de hecho, en cualquier ámbito sin revisar la aportación de la cultura del procomún. El procomún defiende el uso de unos determinados bienes por parte de la comunidad que se autoregula alrededor de ellos. Es decir, no hay propietarios únicos y el poder (y la organización) es distribuido y no jerárquico. Christian Felber, el principal ideólogo, indica -en su último libro ‘La economía del bien común’- que hay comunidades que ya han desarrollado la figura de la “Comunidad del Bien Común”, planteada como una alternativa al sistema de gobernanza imperante. En algunas zonas de Alemania, Austria y Suiza se experimenta en un modelo de gobierno donde la toma de decisiones se produce de una forma más comunitaria y a través de modelos que impulsan la participación y la deliberación.

Hace unos días, en la presentación de la Escuela de los Comunes en Aurea Social -un espacio abierto y autogestionado por la propia comunidad en l’Eixample de Barcelona-, Joan Subirats, profesor en Ciencias Políticas, durante su exposición, definía el papel exploratorio actual de la Escuela. La reflexión se mezcla con la práctica para generar y modular mejor el conocimiento. El ecosistema se retroalimenta con el objetivo de explorar terrenos donde la política busca nuevas formas de participación, a través de la iniciativa de la propia comunidad y en beneficio del bien común. Práctica y teoría confluyen y se trata, ahora, de avanzar a través de la propia praxis (ensayo, error) y los conocimientos que esta aporta. El sociólogo Manuel Castells recuerda que los movimientos sociales, nacidos a través de la ocupación del espacio público, se mueven para articular un cambio en el poder. Están cansados del actual sistema, pero no tienen prisa -saben que el camino es largo- y tampoco tienen miedo. Son muchos y capaces de articular formas de refuerzo y confianza entre ellos.

La Red y el poder ciudadano

El movimiento 15M, las revueltas árabes o el movimiento Occupy Wall Street son el reflejo de la capacidad de la organización de ciudadana. Internet ha sido un instrumento para comunicarse, más allá de las tiranías que imponen las formas de poder tradicionales (gobiernos y medios de comunicación). Los focos de atención de estos movimientos son la política, la economía, los medios de comunicación… el poder tradicional en su conjunto. Su objetivo es recuperar el control sobre aquello que consideran que ha sido secuestrado. No se sienten partícipes del actual sistema de representación política. El análisis de la configuración de estas multitudes muestra formas distribuidas y no jerárquicas, lo que desconcierta a las estructuras de poder tradicionales que caminan entre el menosprecio y la incomprensión ante la incapacidad de encontrar interlocutores únicos.

Las multitudes se han organizado y han generado acciones concretas que han sido extraordinariamente útiles para el bien común. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) es uno de los ejemplos más relevantes. Organizada antes del movimiento 15M aprovechó el impulso de este para amplificar su potencial. Gracias a la acción colectiva de sus miembros ha frenado miles de desahucios en toda España y ha impulsado una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) para regular la dación de pago y hacer efectivo el derecho a la vivienda. Además de conseguir una sensibilización social más amplia en torno a la problemática, también ha involucrado a partidos políticos y ayuntamientos. Un buen número de entes municipales han aprobado mociones para la dación del pago de hipotecas y para detener los desahucios.

La financiación colectiva y la política ciudadana

Conseguir dinero para llevar a cabo acciones no es una cuestión menor. Pero las multitudes organizadas también han encontrado respuesta a este reto. La financiación colectiva debe ser un elemento clave para incorporar a una comunidad en el impulso de una determinada iniciativa. Enric Senabre y Olivier Schulbaum, dos de los impulsores de Goteo, señalan a la financiación colectiva como el caballo de Troya del procomún. A través de la donación se evalúa la fuerza de un determinado proyecto y se permite incorporar a una comunidad, que se involucra también en la fase de difusión y seguimiento durante la ejecución y, obviamente, en la evaluación final del mismo.

Se auguran–solo se han empezado a manifestar- muchas posibilidades en el campo de la política y el activismo social gracias a la financiación colectiva. Pero el estímulo más interesante del crowdfunding es que obliga a revisar los objetivos y las metodologías de aproximación a las personas interesadas. Es decir, por esencia y por metodología, sirve para recuperar valores democráticos y participativos e incentivar la deliberación.

Ismael Peña-López, profesor de Derecho y Ciencias Políticas, destaca la campaña del 15MpaRato como una muestra de la capacidad de los movimientos ciudadanos para concretar acciones en torno a la acción política. A través de la plataforma de financiación colectiva citada anteriormente -Goteo-, un grupo de ciudadanos, a título individual, consiguieron recoger más de 15.000€ para impulsar un proceso de investigación judicial y encausar a Rodrigo Rato como máximo responsable de los despropósitos realizados en Bankia. Además del dinero para afrontar todo el proceso, se generó un estado de ánimo en torno al caso, llamando la atención de los medios de comunicación. Por otro lado, también a través de la llamada que se realizó por Internet, se han conseguido miles de pruebas y testimonios de los propios damnificados repartidos por todo el territorio español.

Partidos políticos versus comunidad

Javier Creus, de Ideas for Change, para explicar la cultura de los comunes en las organizaciones, distingue entre corporación y comunidad. La primera conceptualiza, entre otras, a las formaciones políticas actuales y destaca por centrar su trabajo en modelar acciones en torno a objetivos. En cambio, las comunidades se organizan en torno al bien común de estas. Las corporaciones, al final, buscan extraer de aquello que las envuelve (léase votos de simpatizantes o afiliados) y las comunidades intentan generar ecosistemas sistémicos más resistentes a épocas de dificultades.

Para transformar las organizaciones corporativas en comunidades abiertas es necesario transformar las propias sedes de los partidos políticos. Antoni Gutiérrez-Rubí, consultor político, propone una fórmula distinta de concebir la sede del partido político: como un coworking social, para dar un primer paso hacia el impulso de un nuevo modelo de partido. Esta transformación de la concepción de los partidos políticos es imprescindible para canalizar la energía de los movimientos ciudadanos que se han reunido en las plazas para reclamar un cambio en la forma de hacer política.

La cooperación debe sustituir la actual competitividad dentro de las propias organizaciones. Esto será posible si se organiza una comunidad que trabaje para el bien común de esta y que, a su vez, sepa generar sinergias con los problemas reales de los ciudadanos que ya se autoorganizan al margen de las fuerzas políticas establecidas para construir soluciones.

La política de las multitudes

En definitiva, las multitudes están influenciando -e influenciarán aún más- en los formatos políticos actuales. La política (partidos, gobiernos) y las administraciones públicas actuales conservan, en gran parte, modelos organizativos verticales y jerárquicos, donde la participación y la deliberación son escasas. Las multitudes, paralelamente, se autoorganizan para dar una respuesta propia a un sistema de representación y organizativo que no les representa.

El proceso es lento pero imparable y está obligando a transformar a las organizaciones. Por un lado, la administración pública, a partir de la abertura de datos públicos, ya se aproxima a la transparencia y a la participación, dos elementos que las multitudes reclaman. Por otro lado, la transformación de las organizaciones políticas es más lenta. Las estructuras orgánicas y jerarquizadas impiden un cambio amable como sería deseable y los procesos de transformación excesivamente son lentos.

Parece que la metamorfosis será gradual pero continuada: desde la base de las estructuras a las posiciones que las comandan; desde el exterior al interior de estas organizaciones; pero la hoja de ruta está clara. Es época de redes y de abundancia participativa.

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