El (no) valor de la importación – exportación de alimentos (I)

El negocio de la alimentación está asegurado. Es una necesidad básica indiscutible. En España, la industria alimentaria representó el 7,6 % del PIB, lo que la convierte en el primer sector de la industria española y el quinto de Europa. Como es una actividad que realizamos a diario, nuestros hábitos de consumo alimentario representan una de las bazas fundamentales que pueden contribuir a beneficiar a los agentes que la configuran.

Mayoritariamente vamos a comprar a las grandes superficies. Una cuarta parte de los productos agroalimentarios se adquieren en el Grupo Carrefour (según Mauleón, 2009). Estos espacios permiten al comprador adquirir todosn los productos que necesita en un mismo lugar. Resulta práctico. Además, habitualmente, podemos comprar alimentos de otros lugares del mundo con toda comodidad.

Es posible que, al coger un determinado producto, obviemos algunas preguntas que considero fundamentales, si pensamos que la comercialización de alimentos es básica para el desarrollo económico y social de cualquier país: ¿de dónde procede el producto?, ¿qué porcentaje de beneficio se lleva el productor de mi compra?, ¿qué impacto ecológico provoca el transporte desde su origen al estante de la tienda?, ¿Existe un compromiso social de la actividad comercial?, ¿quiénes se benefician de ella? ¿cómo?… Estas son solo algunas de las preguntas que se podría plantear un consumidor antes de escoger un daeterminado producto o establecimiento.

Tesis

Aunque nos parezca que nuestra decisión es imperceptible, o con un impacto mínimo, en el conjunto de la economía, la elección de un determinado establecimiento o producto es clave para el desarrollo de la economía local.

Antecedentes

Hace algunos meses, reflexionaba en torno a la legislación de las cooperativas agroalimentarias. La voluntad del Gobierno era, y es, la de crear cooperativas grandes que sean competitivas para la exportación de alimentos. En principio, esta tesis podría ser oportuna en la visión de una economía global pero tiene sus limitaciones para la economía y el desarrollo local, tal y como un servidor argumentaba en el artículo.

Posteriormente, apunté algunas directrices para situar las políticas públicas hacia un nuevo enfoque del consumo agroalimentario. En definitiva, se trataba de situar la óptica en el desarrollo local y de promocionar un modelo económico más social y sostenible basado en el consumo de proximidad.

Y, finalmente, aprovechando la intervención de Manuel Cruz en el Taller de Política dedicado a Richard Sennett, intenté dar una nueva dimensión al análisis basada en una metavisión de la economía, la norma, la gobernabilidad y los actores que protagonizan un sistema político, económico y social que influye en el consumo  agroalimentario.

Datos

España es un país que importa una gran cantidad de alimentos. El estudio realizado por Amigos de la Tierra, en colaboración con las Universidades de Sevilla y Vigo, presenta algunos datos concluyentes: 29 millones de toneladas de alimentos se importaron en 2007, representando un crecimiento de más del 50 % respecto al año1999.

Según el propio Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, España se sitúa en las primeras posiciones de países como exportador de productos agroalimentarios. Las frutas, las bebidas, las carnes y las hortalizas contribuyen principalmente a esta buena posición en el ranking (octavo mundial, cuarto europeo).

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Fuente de los gráficos

Hay una lectura evidente de los datos: los productos agroalimentarios que consumimos han recorrido una distancia muy importante desde su origen (según el estudio de Amigos de la Tierra, 5.013km de media). Esta distancia entre la producción y el consumo provoca, a mi entender, una serie de consecuencias para el desarrollo local.

En un segundo artículo analizaré qué efectos económicos, sociales y medioambientales causa esta dinámica de exportación – importación de productos agroalimentarios (cuáles son las causas de su implantación) y, en un tercer artículo, propondré alternativas basadas en las redes de comercialización local, donde el consumidor en red tiene un gran poder para reformular el sistema de alimentación dominante.

El negocio de la alimentación está asegurado. Es una necesidad básica indiscutible. En España, la industria alimentaria representó el 7,6 % del PIB, lo que la convierte en el primer sector de la industria española y el quinto de Europa. Como es una actividad que realizamos a diario, nuestros hábitos de consumo alimentario representan una de las bazas fundamentales que pueden contribuir a beneficiar a los agentes que la configuran.

Mayoritariamente vamos a comprar a las grandes superficies. Una cuarta parte de los productos agroalimentarios se adquieren en el Grupo Carrefour (según Mauleón, 2009). Estos espacios permiten al comprador adquirir todosn los productos que necesita en un mismo lugar. Resulta práctico. Además, habitualmente, podemos comprar alimentos de otros lugares del mundo con toda comodidad.

Es posible que, al coger un determinado producto, obviemos algunas preguntas que considero fundamentales, si pensamos que la comercialización de alimentos es básica para el desarrollo económico y social de cualquier país: ¿de dónde procede el producto?, ¿qué porcentaje de beneficio se lleva el productor de mi compra?, ¿qué impacto ecológico provoca el transporte desde su origen al estante de la tienda?, ¿Existe un compromiso social de la actividad comercial?, ¿quiénes se benefician de ella? ¿cómo?… Estas son solo algunas de las preguntas que se podría plantear un consumidor antes de escoger un daeterminado producto o establecimiento.

Tesis

Aunque nos parezca que nuestra decisión es imperceptible, o con un impacto mínimo, en el conjunto de la economía, la elección de un determinado establecimiento o producto es clave para el desarrollo de la economía local.

Antecedentes

Hace algunos meses, reflexionaba en torno a la legislación de las cooperativas agroalimentarias. La voluntad del Gobierno era, y es, la de crear cooperativas grandes que sean competitivas para la exportación de alimentos. En principio, esta tesis podría ser oportuna en la visión de una economía global pero tiene sus limitaciones para la economía y el desarrollo local, tal y como un servidor argumentaba en el artículo.

Posteriormente, apunté algunas directrices para situar las políticas públicas hacia un nuevo enfoque del consumo agroalimentario. En definitiva, se trataba de situar la óptica en el desarrollo local y de promocionar un modelo económico más social y sostenible basado en el consumo de proximidad.

Y, finalmente, aprovechando la intervención de Manuel Cruz en el Taller de Política dedicado a Richard Sennett, intenté dar una nueva dimensión al análisis basada en una metavisión de la economía, la norma, la gobernabilidad y los actores que protagonizan un sistema político, económico y social que influye en el consumo  agroalimentario.

Datos

España es un país que importa una gran cantidad de alimentos. El estudio realizado por Amigos de la Tierra, en colaboración con las Universidades de Sevilla y Vigo, presenta algunos datos concluyentes: 29 millones de toneladas de alimentos se importaron en 2007, representando un crecimiento de más del 50 % respecto al año1999.

Según el propio Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, España se sitúa en las primeras posiciones de países como exportador de productos agroalimentarios. Las frutas, las bebidas, las carnes y las hortalizas contribuyen principalmente a esta buena posición en el ranking (octavo mundial, cuarto europeo).

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Fuente de los gráficos

Hay una lectura evidente de los datos: los productos agroalimentarios que consumimos han recorrido una distancia muy importante desde su origen (según el estudio de Amigos de la Tierra, 5.013km de media). Esta distancia entre la producción y el consumo provoca, a mi entender, una serie de consecuencias para el desarrollo local.

En un segundo artículo analizaré qué efectos económicos, sociales y medioambientales causa esta dinámica de exportación – importación de productos agroalimentarios (cuáles son las causas de su implantación) y, en un tercer artículo, propondré alternativas basadas en las redes de comercialización local, donde el consumidor en red tiene un gran poder para reformular el sistema de alimentación dominante.

El negocio de la alimentación está asegurado. Es una necesidad básica indiscutible. En España, la industria alimentaria representó el 7,6 % del PIB, lo que la convierte en el primer sector de la industria española y el quinto de Europa. Como es una actividad que realizamos a diario, nuestros hábitos de consumo alimentario representan una de las bazas fundamentales que pueden contribuir a beneficiar a los agentes que la configuran.

Mayoritariamente vamos a comprar a las grandes superficies. Una cuarta parte de los productos agroalimentarios se adquieren en el Grupo Carrefour (según Mauleón, 2009). Estos espacios permiten al comprador adquirir todosn los productos que necesita en un mismo lugar. Resulta práctico. Además, habitualmente, podemos comprar alimentos de otros lugares del mundo con toda comodidad.

Es posible que, al coger un determinado producto, obviemos algunas preguntas que considero fundamentales, si pensamos que la comercialización de alimentos es básica para el desarrollo económico y social de cualquier país: ¿de dónde procede el producto?, ¿qué porcentaje de beneficio se lleva el productor de mi compra?, ¿qué impacto ecológico provoca el transporte desde su origen al estante de la tienda?, ¿Existe un compromiso social de la actividad comercial?, ¿quiénes se benefician de ella? ¿cómo?… Estas son solo algunas de las preguntas que se podría plantear un consumidor antes de escoger un daeterminado producto o establecimiento.

Tesis

Aunque nos parezca que nuestra decisión es imperceptible, o con un impacto mínimo, en el conjunto de la economía, la elección de un determinado establecimiento o producto es clave para el desarrollo de la economía local.

Antecedentes

Hace algunos meses, reflexionaba en torno a la legislación de las cooperativas agroalimentarias. La voluntad del Gobierno era, y es, la de crear cooperativas grandes que sean competitivas para la exportación de alimentos. En principio, esta tesis podría ser oportuna en la visión de una economía global pero tiene sus limitaciones para la economía y el desarrollo local, tal y como un servidor argumentaba en el artículo.

Posteriormente, apunté algunas directrices para situar las políticas públicas hacia un nuevo enfoque del consumo agroalimentario. En definitiva, se trataba de situar la óptica en el desarrollo local y de promocionar un modelo económico más social y sostenible basado en el consumo de proximidad.

Y, finalmente, aprovechando la intervención de Manuel Cruz en el Taller de Política dedicado a Richard Sennett, intenté dar una nueva dimensión al análisis basada en una metavisión de la economía, la norma, la gobernabilidad y los actores que protagonizan un sistema político, económico y social que influye en el consumo  agroalimentario.

Datos

España es un país que importa una gran cantidad de alimentos. El estudio realizado por Amigos de la Tierra, en colaboración con las Universidades de Sevilla y Vigo, presenta algunos datos concluyentes: 29 millones de toneladas de alimentos se importaron en 2007, representando un crecimiento de más del 50 % respecto al año1999.

Según el propio Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, España se sitúa en las primeras posiciones de países como exportador de productos agroalimentarios. Las frutas, las bebidas, las carnes y las hortalizas contribuyen principalmente a esta buena posición en el ranking (octavo mundial, cuarto europeo).

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Fuente de los gráficos

Hay una lectura evidente de los datos: los productos agroalimentarios que consumimos han recorrido una distancia muy importante desde su origen (según el estudio de Amigos de la Tierra, 5.013km de media). Esta distancia entre la producción y el consumo provoca, a mi entender, una serie de consecuencias para el desarrollo local.

En un segundo artículo analizaré qué efectos económicos, sociales y medioambientales causa esta dinámica de exportación – importación de productos agroalimentarios (cuáles son las causas de su implantación) y, en un tercer artículo, propondré alternativas basadas en las redes de comercialización local, donde el consumidor en red tiene un gran poder para reformular el sistema de alimentación dominante.

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