El consumo de productos agroalimentarios en el contexto de la Nación Red

Este artículo forma parte de las diferentes contribuciones realizadas para el seminario Nación Red: ¿De la nación a la comunidad virtual? organizado por Antoni Gutiérrez-Rubí en el marco de la Cátedra de Periodismo y Comunicación de la Universitat de Lleida.

El enfoque de la siguiente aportación se vincula a la investigación que estoy realizando en torno al consumo de productos agroalimentarios en la era de la Sociedad Red.

La concepción tradicional de nación, como argumenta Antoni Gutiérrez-Rubí, tiene un componente vertical que confronta con el modelo relacional que estimulan las redes. El lenguaje que define cada uno de los dos entornos es significativamente distinto. La conceptualización de la nación se relaciona con territorio, historia, lengua, cultura, identidad,… En cambio redes, identidades múltiples, relaciones, conversaciones, nodos son propios del lenguaje de la Sociedad Red.

Esta dicotomía se reproduce en la definición del consumo de productos agroalimentarios. La actual cadena agroalimentaria se ha caracterizado por aplicar procesos que, gracias a la competitividad, proporcionan productos con una calidad regulada y un equilibrio en el coste. De todas formas, el modelo teórico de Michael Porter y que inspira la actual cadena agroalimentaria tiene en el movimiento de consumo local una alternativa más próxima al lenguaje de redes. La relación entre productor y consumidor tiene en el modelo de consumo imperante una barrera importante que aleja al consumidor del conocimiento del producto consumido a causa de la intermediación. El modelo de redes que define el movimiento local alimentario aproxima consumidor y productor para establecer nuevos marcos relacionales que van más allá del propio consumo.

En este sentido, como argumenta Igor Calzada, es interesante la definición de la nación red como un proceso que permita redefinir modelos. La aproximación a la innovación social desde el propio territorio será un elemento clave para este nuevo modelo nacional en red. El movimiento local de alimentación promulga una relocalización del consumo para beneficiar el desarrollo económico y social del propio territorio. Las redes locales, con las TIC como un elemento  de estudio, deben proporcionar alternativas a la actual cadena alimentaria con lazos sociales y de desarrollo local. Obviamente, ofreciendo beneficios en la disminución del transporte de los productos agroalimentarios (5013 Km. entre origen y consumo en el caso de España) que producen un impacto medioambiental relevante (4,7 millones de toneladas de CO2 en España). El consumo local puede evitar el impacto medioambiental actual disminuyendo transporte y embalaje. Además puede favorecer iniciativas de ámbito social y cooperativo vinculadas al territorio.

La posibilidad de articular nuevos modelos de aproximación al consumo de productos agroalimentarios debilita las actuales corporaciones dominantes (según José Ramón Mauleón, el grupo Carrefour domina el 25% del consumo agroalimentario en España).  Esta oligarquía, de acuerdo con Antonio Lafuente debilita las posibilidades de crecimiento de la comunidad en torno a determinados intereses. En este caso alrededor del producto agroalimentario de consumo.

Los grandes grupos controlan las infraestructuras y nuestras redes de consumo. En este sentido, sociológicamente hay que evitar el control de las redes y favorecer un acceso democrático a la Red evitando las asimetrías actuales. La red debe estimularse como un artefacto democrático y que permita, según Oriol Nel·lo, ‘construir comunidades de solidaridad y proyectos nuevos’ superando las tiranías geográficas tradicionales.

En una reciente entrevista en La Vanguardia, Henk Hobbelink denunciaba el actual modelo agroindustrial donde gran parte de la población es ajena al conocimiento real sobre el producto de alimentación que consume. Para contrarrestar esta sumisión a la cadena agroalimentaria el autor propone ayudar socialmente a los agricultores para favorecer un modelo de consumo vinculado al conocimiento. En la era de la Sociedad Red, esta conexión de redes locales entre consumidores y productores, parece tener un encaje especial en una creciente demanda de alternativas.

Este debate también debe formar parte del proceso de la construcción nacional. En algunos casos, como en Escocia, los movimientos de transición ya proporcionan alternativas en este sentido: red, conocimiento y consumo local.

Este artículo forma parte del eBook que puede descargarse en iTunes o en formato pdf.Este artículo forma parte de las diferentes contribuciones realizadas para el seminario Nación Red: ¿De la nación a la comunidad virtual? organizado por Antoni Gutiérrez-Rubí en el marco de la Cátedra de Periodismo y Comunicación de la Universitat de Lleida.

El enfoque de la siguiente aportación se vincula a la investigación que estoy realizando en torno al consumo de productos agroalimentarios en la era de la Sociedad Red.

La concepción tradicional de nación, como argumenta Antoni Gutiérrez-Rubí, tiene un componente vertical que confronta con el modelo relacional que estimulan las redes. El lenguaje que define cada uno de los dos entornos es significativamente distinto. La conceptualización de la nación se relaciona con territorio, historia, lengua, cultura, identidad,… En cambio redes, identidades múltiples, relaciones, conversaciones, nodos son propios del lenguaje de la Sociedad Red.

Esta dicotomía se reproduce en la definición del consumo de productos agroalimentarios. La actual cadena agroalimentaria se ha caracterizado por aplicar procesos que, gracias a la competitividad, proporcionan productos con una calidad regulada y un equilibrio en el coste. De todas formas, el modelo teórico de Michael Porter y que inspira la actual cadena agroalimentaria tiene en el movimiento de consumo local una alternativa más próxima al lenguaje de redes. La relación entre productor y consumidor tiene en el modelo de consumo imperante una barrera importante que aleja al consumidor del conocimiento del producto consumido a causa de la intermediación. El modelo de redes que define el movimiento local alimentario aproxima consumidor y productor para establecer nuevos marcos relacionales que van más allá del propio consumo.

En este sentido, como argumenta Igor Calzada, es interesante la definición de la nación red como un proceso que permita redefinir modelos. La aproximación a la innovación social desde el propio territorio será un elemento clave para este nuevo modelo nacional en red. El movimiento local de alimentación promulga una relocalización del consumo para beneficiar el desarrollo económico y social del propio territorio. Las redes locales, con las TIC como un elemento  de estudio, deben proporcionar alternativas a la actual cadena alimentaria con lazos sociales y de desarrollo local. Obviamente, ofreciendo beneficios en la disminución del transporte de los productos agroalimentarios (5013 Km. entre origen y consumo en el caso de España) que producen un impacto medioambiental relevante (4,7 millones de toneladas de CO2 en España). El consumo local puede evitar el impacto medioambiental actual disminuyendo transporte y embalaje. Además puede favorecer iniciativas de ámbito social y cooperativo vinculadas al territorio.

La posibilidad de articular nuevos modelos de aproximación al consumo de productos agroalimentarios debilita las actuales corporaciones dominantes (según José Ramón Mauleón, el grupo Carrefour domina el 25% del consumo agroalimentario en España).  Esta oligarquía, de acuerdo con Antonio Lafuente debilita las posibilidades de crecimiento de la comunidad en torno a determinados intereses. En este caso alrededor del producto agroalimentario de consumo.

Los grandes grupos controlan las infraestructuras y nuestras redes de consumo. En este sentido, sociológicamente hay que evitar el control de las redes y favorecer un acceso democrático a la Red evitando las asimetrías actuales. La red debe estimularse como un artefacto democrático y que permita, según Oriol Nel·lo, ‘construir comunidades de solidaridad y proyectos nuevos’ superando las tiranías geográficas tradicionales.

En una reciente entrevista en La Vanguardia, Henk Hobbelink denunciaba el actual modelo agroindustrial donde gran parte de la población es ajena al conocimiento real sobre el producto de alimentación que consume. Para contrarrestar esta sumisión a la cadena agroalimentaria el autor propone ayudar socialmente a los agricultores para favorecer un modelo de consumo vinculado al conocimiento. En la era de la Sociedad Red, esta conexión de redes locales entre consumidores y productores, parece tener un encaje especial en una creciente demanda de alternativas.

Este debate también debe formar parte del proceso de la construcción nacional. En algunos casos, como en Escocia, los movimientos de transición ya proporcionan alternativas en este sentido: red, conocimiento y consumo local.

Este artículo forma parte del eBook que puede descargarse en iTunes o en formato pdf.Este artículo forma parte de las diferentes contribuciones realizadas para el seminario Nación Red: ¿De la nación a la comunidad virtual? organizado por Antoni Gutiérrez-Rubí en el marco de la Cátedra de Periodismo y Comunicación de la Universitat de Lleida.

El enfoque de la siguiente aportación se vincula a la investigación que estoy realizando en torno al consumo de productos agroalimentarios en la era de la Sociedad Red.

La concepción tradicional de nación, como argumenta Antoni Gutiérrez-Rubí, tiene un componente vertical que confronta con el modelo relacional que estimulan las redes. El lenguaje que define cada uno de los dos entornos es significativamente distinto. La conceptualización de la nación se relaciona con territorio, historia, lengua, cultura, identidad,… En cambio redes, identidades múltiples, relaciones, conversaciones, nodos son propios del lenguaje de la Sociedad Red.

Esta dicotomía se reproduce en la definición del consumo de productos agroalimentarios. La actual cadena agroalimentaria se ha caracterizado por aplicar procesos que, gracias a la competitividad, proporcionan productos con una calidad regulada y un equilibrio en el coste. De todas formas, el modelo teórico de Michael Porter y que inspira la actual cadena agroalimentaria tiene en el movimiento de consumo local una alternativa más próxima al lenguaje de redes. La relación entre productor y consumidor tiene en el modelo de consumo imperante una barrera importante que aleja al consumidor del conocimiento del producto consumido a causa de la intermediación. El modelo de redes que define el movimiento local alimentario aproxima consumidor y productor para establecer nuevos marcos relacionales que van más allá del propio consumo.

En este sentido, como argumenta Igor Calzada, es interesante la definición de la nación red como un proceso que permita redefinir modelos. La aproximación a la innovación social desde el propio territorio será un elemento clave para este nuevo modelo nacional en red. El movimiento local de alimentación promulga una relocalización del consumo para beneficiar el desarrollo económico y social del propio territorio. Las redes locales, con las TIC como un elemento  de estudio, deben proporcionar alternativas a la actual cadena alimentaria con lazos sociales y de desarrollo local. Obviamente, ofreciendo beneficios en la disminución del transporte de los productos agroalimentarios (5013 Km. entre origen y consumo en el caso de España) que producen un impacto medioambiental relevante (4,7 millones de toneladas de CO2 en España). El consumo local puede evitar el impacto medioambiental actual disminuyendo transporte y embalaje. Además puede favorecer iniciativas de ámbito social y cooperativo vinculadas al territorio.

La posibilidad de articular nuevos modelos de aproximación al consumo de productos agroalimentarios debilita las actuales corporaciones dominantes (según José Ramón Mauleón, el grupo Carrefour domina el 25% del consumo agroalimentario en España).  Esta oligarquía, de acuerdo con Antonio Lafuente debilita las posibilidades de crecimiento de la comunidad en torno a determinados intereses. En este caso alrededor del producto agroalimentario de consumo.

Los grandes grupos controlan las infraestructuras y nuestras redes de consumo. En este sentido, sociológicamente hay que evitar el control de las redes y favorecer un acceso democrático a la Red evitando las asimetrías actuales. La red debe estimularse como un artefacto democrático y que permita, según Oriol Nel·lo, ‘construir comunidades de solidaridad y proyectos nuevos’ superando las tiranías geográficas tradicionales.

En una reciente entrevista en La Vanguardia, Henk Hobbelink denunciaba el actual modelo agroindustrial donde gran parte de la población es ajena al conocimiento real sobre el producto de alimentación que consume. Para contrarrestar esta sumisión a la cadena agroalimentaria el autor propone ayudar socialmente a los agricultores para favorecer un modelo de consumo vinculado al conocimiento. En la era de la Sociedad Red, esta conexión de redes locales entre consumidores y productores, parece tener un encaje especial en una creciente demanda de alternativas.

Este debate también debe formar parte del proceso de la construcción nacional. En algunos casos, como en Escocia, los movimientos de transición ya proporcionan alternativas en este sentido: red, conocimiento y consumo local.

Este artículo forma parte del eBook que puede descargarse en iTunes o en formato pdf.

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