¿Hacia dónde va el mundo? 2012 2022: La última oportunidad

Desde hace un tiempo, una estructura de pensamiento lógica me resulta útil para explicar y realizar ciertos análisis con una cierta perspectiva: La rutina diaria conlleva, a menudo, obviar algunas realidades incipientes por las cuales, en el futuro, cuando ya se han mostrado en toda su intensidad, nos podríamos calificar de inconscientes. Una vez la conciencia del hecho en cuestión ya está en nuestra mente, a mi entender, actuamos irresponsablemente.

La esencia de «¿Hacia dónde va el mundo?», un breve ensayo publicado originalmente en francés, responde a esta misma estructura de pensamiento. Cuatro analistas aportan su punto de vista a una visión conjunta: el  tiempo de reacción para el cambio de modelo es limitado y las decisiones que se tomen en la próxima década serán relevantes para el futuro del planeta.

Susan George advierte del poder que ejerce el sistema financiero mundial, con la complicidad de los actores políticos, para favorecer a la banca. La crisis económica está siendo asumida por la ciudadanía y por la pequeña y mediana empresa que, además, tiene la falsa perspectiva, inducida por el poder mismo político y económico, que el horizonte es más favorable y su situación va a mejorar.

Según Susan George, hay que invertir lo que llama círculos concéntricos sobre los cuales se organiza el modelo social, económico y político. El planeta y su conservación deben ser la primera prioridad, posteriormente debe considerarse la sociedad (con capacidad de organizarse democráticamente y promover la economía real) y, finalmente, el mundo de las finanzas. En definitiva, hay que afrontar una lucha contra el sistema económico actual ya que este busca reproducirse y ampliar su dominio.

Jean-Pierre Dupuy mira de situarse entre la previsión (determinismo) y la prospectiva (imaginación), sosteniendo la profecía de la desgracia que el peor escenario de futuro «no es seguro pero a veces es útil hacer como si fuera inevitable».

Por un lado, Dupuy analiza −desde la lógica metafísica− la crisis ecológica y la fortuna moral (con la idea de que hay que «cambiar el futuro» porque «el juicio solo podrá ser retrospectivo») para evitar que nuestros descendientes sean víctimas de la no acción. Por otro lado, sitúa la crisis financiera y sus consecuencias en el paradigma de algo anunciado y que, al mismo tiempo, provoca sorpresa. La estimación de disponer de más tiempo, aun siendo consciente de su final irremediable, ya que el estallido no se ha producido todavía, describe el marco de acción del desarrollo económico actual. Finalmente, el filósofo francés, señala la dificultad de un stop a la violencia en términos de disuasión existencial: la disuasión nuclear (que acaba justificando la protección armamentista y la acción militar de los Estados) es exitosa, si la realidad del apocalipsis (como un acontecimiento a la vez necesario e improbable) está inscrita en el porvenir como una fatalidad.

El interés mediático, inducido por el mensaje político, para marcar el fin de la recesión es, según Yves Cochet, falso. El diputado ecologista intuye una catástrofe global, a causa de un aumento más evidente de la desigualdad, que transformará el curso de las cosas y provocará una revolución social importante. La lentitud y la magnitud de los cambios de hábitos, muy vinculados a una nueva relación entre humanidad y naturaleza, precisan de políticas reactivas. A pesar de que Yves Cochet apunta que el tiempo para iniciar el decrecimiento es limitado, a causa de la urgencia de las problemáticas ecológicas y sociales, y que la catástrofe parece irremediable, el espíritu creativo y la imaginación deben marcar las políticas que den respuesta a ello.

Según Serge Latouche, las previsiones más complicadas son las de medio plazo, que están «acotadas por la dictadura de la actualidad». La certeza que no tendremos que justificar según qué visión porque ya no estaremos presentes relaja su formulación. Prevenir a corto plazo también es más sencillo porque es una prolongación de la situación actual.

Por un lado, la metáfora de la caída del Imperio Romano le sirve a Serge para describir cómo el proceso del hundimiento de un poder se prolonga en el tiempo y, aunque hay elementos o fechas claves, resulta difícil definir su final. Incluso hay quien argumenta que, en cierto modo, los reductos de su poder aún son vigentes. Las rutinas del día a día y la capacidad de resiliencia del ecosistema en reacción a una hecatombe explican esta larga longevidad.

Por otro lado, el estadillo del imperio de Carlomango explica cómo pueden sucederse cambios radicales en los escenarios inmediatos por una acumulación de elementos que apuntan, actualmente, en una misma dirección: el estallido de la burbuja financiera y la caída del sistema financiero mundial.

En resumen, todos los autores participantes en la publicación describen de una manera clara que los apuntes de una mejora de la economía no son ciertos y que la desigualdad y sus consecuencias seguirán en aumento. Ante este escenario el papel de la ciudadanía para fortalecer los modelos de reacción individual y colectiva son decisivos. Básicamente, responsabilizándose del cambio. Con una variación en los hábitos de consumo y fortaleciendo el papel crítico y reivindicativo en torno a las injusticias económicas, sociales, medioambientales, políticas, etc.

¿Hacia dónde va el mundo? 2012 2022: La última oportunidad (78 págs.)
Título original: Ou va le monde?
Edición española por: Icaria editorial y Ediciones Octaedro. 2012.

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